Las Siete Visitas

por el Prof. Rodolfo Reynoso

Realizar el ejercicio piadoso de las “Siete visitas”, significa acompañar espiritualmente al Señor Jesucristo en la amarga soledad que padeció y en los tormentos y humillaciones que soportó durante las horas que precedieron a su Muerte. Hacemos memoria de los “siete tribunales” ante los que tuvo que comparecer el Salvador, para ser juzgado por los hombres.


Introducción
Redentor del mundo, habiendo participado de la Última Cena que celebraste antes de tu Pasión, permítenos acompañarte ahora en el amargo camino que Te llevó a la Muerte en Cruz por amor a nosotros.

Primera visita: Tu oración en el Huerto
Señor Jesús, Sacerdote Eterno, Divino Orante, ¡qué triste pero qué confiada fue esta oración que dirigiste a tu Padre! Las gotas de Sangre que caían de tu Rostro eran las primicias del Supremo Sacrificio de la Cruz, y el mismo Padre las aceptaba complacido, pues rubricaban tu dolorosa Plegaria por la humanidad.
Que tus palabras en el Monte de los Olivos, suplan en esta noche de tristeza, el silencio de los que han perdido la fe.
Que nuestra vida toda sea una plegaria agradable a tu Padre que está en los Cielos.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

“Estamos aquí, a la luz de tu Padre Eterno. Oh, Cristo Dios, acepta que Te acompañemos en esta noche de soledad”.

Segunda visita: La traición de Judas

Señor Jesús, Pontífice Misericordioso, Dios del Amor y del Perdón. Cuando estabas muerto en la Cruz, la lanza de un soldado abrió tu costado. Pero otra herida mortal había herido antes tu Sagrado Corazón, (una herida más dolorosa quizás que los tormentos físicos que tuviste que soportar): la traición de Judas, al que considerabas tu amigo.
Haz que los obispos, sacerdotes y diáconos, se mantengan en comunión de fe y amor con el Papa, para que resistan a la tentación de ceder ante los halagos del mundo.
Perdona, Señor, nuestras traiciones diarias.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

“Estamos aquí, junto a tu Madre Dolorosa. Oh, Cristo Dios, acepta que Te acompañemos en esta noche de soledad”.

Tercera visita: El abandono de tus discípulos

Señor Jesús, Dios abandonado, el temor se ha apoderado de tus amigos. Y huyen. Estás solo. ¿Cómo no acercarnos a tu Corazón humano y divino para abrazarlo? ¿Cómo permanecer indiferentes ante sus latidos, que son melodía de ternura y soledad?
Socorre, Señor, a quienes hoy viven en la más profunda soledad, que es desconocerte a Ti, Consuelo y Salvación de nuestras almas.
Que Te busquemos, Divino solitario, en los sagrarios, especialmente en los más abandonados. Que no pasemos indiferentes ante Ti, Dios Sacramentado por Amor.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

“Estamos aquí con Juan, el apóstol amado que con tu Madre, hoy seguía tus huellas, en el primer Vía Crucis de la historia. Oh, Cristo Dios…”

Cuarta visita: Tu Divina Majestad ante los tribunales religiosos

Señor Jesús, Dios humilde. Las autoridades religiosas, llenas de soberbia, envidia e hipocresía, pretenden pedirte cuentas a Ti, Verdad Viviente.
En ellas estamos representados cuantos nos creemos con el derecho de objetar tus divinas enseñanzas y de rechazar a tu Iglesia, para justificar nuestras propias miserias.
Abre los ojos del corazón a quienes son víctimas de pensamientos e ideologías ajenas a tu Evangelio, o peor aun, contrarias a él. Protégenos del asedio de las sectas que oscurecen tu Palabra.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

“Estamos aquí con los Santos de todos los tiempos, conocidos y desconocidos. Oh, Cristo Dios…”

Quinta visita: Mofas y burlas

Señor, Tú soportaste con paciencia las burlas, y sigues sufriendo hoy todo tipo de afrentas en la persona de los que son humillados, ridiculizados y explotados.
Inspíranos fortaleza para alzar nuestra voz en favor de ellos, es decir, en favor tuyo, Jesús.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

“Estamos aquí en comunión de amor con las Almas del Purgatorio. Oh, Cristo Dios…”

Sexta visita: Las negaciones de Pedro

¡Cuánto Te hicieron sufrir los ultrajes de tus enemigos! Pero, ¡cuánto más la cobardía de tus propios amigos, a quienes les habías confiado tus más íntimos secretos!
Señor, ilumina nuestra mente y nuestro corazón para que podamos ser conscientes de las veces en que Te negamos con los actos, quienes Te confesamos con los labios.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

“Estamos aquí, espiritualmente unidos al Santo Padre Benedicto XVI, tu Vicario, y a todos los hombres de buena voluntad. Oh, Cristo Dios…”

Séptima visita: Herodes Te trata como loco

Tú, el Rey Eterno eres humillado por el rey tirano. Y callas. Callas por amor.
Tú, la Palabra soberana y creadora, haces silencio mientras Te tratan como loco.
Que nuestra voz, Señor, sólo se deje escuchar para pregonar tu infinita bondad y para defender los derechos de aquellos que no tienen voz.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

“Estamos aquí, Señor, unidos al cántico de alabanza de toda la creación. Oh, Cristo Dios…”

Oración conclusiva
Te damos gracias, Señor, por habernos permitido acompañarte en esta noche de tu soledad. Dígnate ser Tú siempre nuestro Compañero, mientras marchamos hacia la Pascua eterna.
Por tu Pasión y tu Cruz, sálvanos, Jesús. Amén.